La coproducción sobre el terrorismo es considerada antiárabeEsclavo de Dios, escrita por Fernando Butazzoni, llegará a los cines el 18 de julio precedida por la polémica. El movimiento chavista Foro Itinerante de Participación Popular instó a boicotearla previo al estreno en Venezuela, ocurrido el viernes.
Por Alejandro Volpi
El filme fue acusado de «manejo errado de la realidad que viven pueblos como el Líbano y Palestina», algo que para su director, Joel Novoa, «son comentarios sesgados basados en un tráiler de apenas dos minutos».
El escritor y periodista uruguayo Fernando Butazzoni coincidió con el realizador al ser consultado por El País. «La polémica se generó previo al estreno de la película, lo cual me hace sospechar que quienes dijeron eso no la vieron, porque la historia no se desarrolla en la Venezuela bolivariana, sino mucho antes. Cuando empieza el guión Chávez estaba preso. En segundo lugar, es de una gran ignorancia hacer determinadas acusaciones cuando una de las cosas que caracterizaban a Venezuela en esas décadas era el contubernio entre los servicios secretos del país con una amplia gama de terroristas de toda nacionalidad, tipo y color. Eso está probado en expedientes, juicios y libros. Sólo un burro no sabe que en la Venezuela de esa época los servicios secretos estaban en connivencia con distintos ámbitos del terrorismo. Entonces fue una especie de bomba brasilera tirada para hacer ruido».
Esclavo de Dios es una ficción construida a partir de hechos reales. El atentado a la AMIA ocurrido en 1994 es el central, pero también se hace referencia a la operativa de grupos terroristas en América Latina en esa época.
Los personajes centrales son un agente del Mossad israelí, encarnado por el argentino Vando Villamil y un terrorista islámico en la piel del Mohammed Alkhaldi. Ambos, con orígenes y tragedias semejantes, cruzarán sus caminos inexorablemente.
La historia de vida de Alkhaldi sería en sí misma motor para crear otra película. El actor es un apátrida, un kuwaití hijo de iraquíes que desde el punto de vista legal no tiene derecho a la ciudadanía, por lo tanto no podrá viajar al estreno en Montevideo (actualmente reside en Venezuela) debido a la complejidad de los papeleos que deberían gestionarse.
«Escribir Esclavo de Dios me sirvió para tratar temas que desde el punto de vista moral y político me interesan especialmente como los métodos del terrorimo y el papel que tienen las organizaciones políticas, los servicios secretos y los Estados en esa terrible trama del terror», explica Butazzoni, quien realizó una profunda investigación antes de lanzarse al proyecto.
El periodista entrevistó a sobrevivientes, leyó libros sobre el atentado a la AMIA y accedió a expedientes judiciales para armarse «un panorama de cuál era la situación concreta» pero también indagó sobre los servicios de inteligencia de Israel y algunos grupos reaccionarios del mundo musulmán. El gran objetivo del filme es «generar una reflexión sobre el terrorismo, la violencia y la problemática que se vive en Medio Oriente».
El director Joel Novoa, es un judío nacido en Venezuela, hijo de padre uruguayo y madre venezolana, que tiene 27 años y se siente atraído por estos temas porque el 11 de septiembre de 2001 debía viajar a Miami para luego tomar uno de los aviones que finalmente terminaron estrellándose contra las Torres Gemelas, pero enfermó de dengue y se quedó en casa. «Desde ese día me convertí en un obsesivo sobre el terrorismo», confesó a la agencia EFE, quien también dirigió un cortometraje basado en el atentado contra cuatro trenes de cercanías ocurrido en Madrid el 11 de marzo de 2004, conocido como 11-M.
«La película no toma posición, no hace propaganda a nadie. Se adentro en la mente de ambos extremistas, no es antiárabe», explicó sobre Esclavo de Dios. Su ambición es «generar discusiones sobre la tolerancia» y que el espectador logre ponerse en los zapatos del otro.
Novoa, que vivió más de un año en Buenos Aires, dice que el caso de AMIA siempre le llamó la atención y le inquieta que aún no se haya encontrado a sus autores.
La fecha escogida para el estreno en Uruguay, el 18 de julio, coincide con el 19 aniversario del atentado en el que perdieron la vida 85 personas.
En la película también actúa el uruguayo César Troncoso en el papel de un comisario de la policía federal argentina. El rodaje se realizó en Caracas, Buenos Aires, Líbano y Montevideo. En Uruguay fueron tres meses de intenso trabajo a partir de octubre de 2010, porque el itinerario previsto en Argentina encontró varios obstáculos.
Las calles de Montevideo resultaron ideales y con menos restricciones para el rodaje. También los efectos especiales y las correcciones del color se hicieron en la plaza local para que lograr una ambientación coherente con 1994. Se intervinieron fachadas de edificios pero algunos detalles luego fueron sustituidos o corregidos con recursos digitales.
Recreación de época con efectos especiales
La productora local Natacha López de Lavorágine Films reveló que se usaron efectos especiales para hacer la recreación de época y para darle espectacularidad a los disparos y explosiones. «Hay muchas cosas que el espectador no notará pero que son muy importantes. En algunos casos sustituimos en la postproducción autos modernos y matrículas. Hay muchas escenas de persecuciones por azoteas y ahí borramos antenas, tanques de agua, objetos que delataban la época».
Sobre la polémica generada en Venezuela, la realizadora opina que es «un disparate». López comentó además que traer al actor protagónico a Montevideo fue un trámite complicado porque hay que «sacarle visa de refugiado» y por ese motivo no estará presente en el estreno. «Es realmente una lástima porque es un activista de la no violencia y tiene un discurso muy interesante», agregó. En Argentina el rodaje encontró serias dificultades, incluso a Novoa no le resultó nada fácil obtener financiamiento en ese país porque el tema le resulta incómodo al gobierno de Cristina Kirchner. Cuando estaba todo listo para rodar en Buenos Aires el equipo terminó trasladándose a Uruguay en una «una maniobra de riesgo», relató López a El País. Riesgo que fue minimizado luego cuando ganaron el fondo de Montevideo Socio Audiovisual.
El actor apátrida Mohammed Alkhaldi, fue el gran hallazgo
La producción de Esclavo de Dios encontró al protagonista después de buscar infructuosamente entre mil postulantes que debían hablar árabe y acercarse al aspecto deseado. Entonces el director vio un video grabado en la Universidad Santa María sobre un refugiado kuwaití con pasaporte de Eritrea que en sus tiempos libres es DJ. Actualmente Alkhaldi está casado con una venezolana, matrimonio que le sirve de fachada para su militancia por la causa palestina. El apátrida reside en Venezuela desde hace siete años y saltó a la fama inesperadamente. Su español es casi perfecto. «Mi personaje casi no tiene diálogo y sé que eso es algo muy complicado para los veteranos, ¡imagínate para un aprendiz como yo!, por eso tengo que agradecer», dijo en una entrevista. Alkhaldi es también alumno de actuación de Eli Schneider, madre del realizador Joel Novoa y esposa del cineasta José Ramón Novoa.
Chavistas critican film uruguayo
02/Jul/2013
El País, Uruguay, Alejandro Volpi